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Ganadería

Trashumancia, sostenibilidad y desarrollo rural

Pablo Vidal-González, Instituto Universitario de Antropología de la Universidad Católica de Valencia - 31/07/2018

Llegado el mes de noviembre, los rebaños trashumantes de las sierras de Teruel y Cuenca inician su descenso hasta las más cálidas tierras valencianas. Siguen unas pautas seculares para huir de los rigores del frío invernal, hibernando en las zonas costeras próximas al Mediterráneo para luego volver, bien avanzada la primavera, a subir a los pastos de verano, a los agostaderos, de las sierras de interior.

Encontramos esta práctica bien documentada en las tierras valencianas al menos desde el siglo XIII, cuando las huestes del rey Jaime I proceden a la conquista del territorio que luego sería llamado Reino de Valencia. Tras los ejércitos llegaron con prontitud los ganaderos aragoneses, que podían así alcanzar las deseadas tierras valencianas, como complemento perfecto para los fríos inviernos de las mesetas y montañas aragonesas. Esta práctica, bien intensa desde entonces, comienza su decadencia en el siglo XIX y diera la impresión que desde los años 60 del siglo pasado habría desaparecido.

Pudiera parecer que en la época de la modernidad avanzada, ya en el siglo XXI, esta práctica habría caído en desuso, se habría olvidado, como tantas otras propias de un medio rural, de unas poblaciones de montaña que se han ido abandonando paulatinamente. Nada más lejos. En nuestros días, un importante número de ganaderos continúa con esta movilidad estacional buscando el mejor rendimiento para su cabaña ovina. Son ganaderos autónomos, propietarios que cuidan de sus propias ovejas, de edades no muy avanzadas y que siguen, de manera general, con el negocio familiar que heredaron de sus padres y abuelos.

La trashumancia en las tierras valencianas

Realizan su recorrido a pie, otros un trayecto a pie y otro en camión, y algunos lo realizan todo en camión. Quienes lo realizan andando lo hacen por un importante sentido práctico. Las ovejas sufren al realizar el desplazamiento en camión, con el hacinamiento y el traqueteo, por lo que tardan al menos una semana para volver a situarse en su nuevo espacio. Las ovejas trashumantes que realizan su actividad a pie descienden cada día un escalón climático, desde los altos pastos, algunos de ellos situados a 1.700 metros sobre el nivel del mar. Cada día descubren nuevos arbustos, ingieren nuevos alimentos y van acostumbrándose a los cambios botánicos, pero también climáticos.

Llama la atención, cuando acompañas al rebaño, cómo las ovejas bajan ávidas y entusiasmadas para llegar a sus nuevos pastos invernales, huyendo ya de los rigores del frío de las montañas. Además, el ganadero ahorra una importante cantidad de dinero al evitar el transporte en camiones, que no es nada económico. El recorrido entre los puertos y los valles se realiza entre cinco y siete días, siendo más excepcionales los recorridos que alcanzan las diez jornadas.

El pastor dirige su rebaño por las históricas vías pecuarias, los azagadores que conectaban el Reino de Aragón con las tierras valencianas, recorriendo parajes de gran belleza, natural e histórica, atravesando puentes centenarios construidos para facilitar el trasiego de los ganados, o fuentes y descansaderos de gran interés.

Sin embargo, una de las principales dificultades es precisamente la pérdida de estas vías pecuarias que, por falta de uso o por la presión de la agricultura o la construcción, ven cómo sus lindes desaparecen, las vías se obstaculizan con vallas y verjas, convirtiendo indebidamente en privado lo que es un dominio público inalienable.

Otro de los problemas que hacen que muchos trashumantes dejen de realizar su camino a pie es la falta de mantenimiento de los abrevaderos adyacentes a las vías pecuarias, así como la ruina en la que se encuentran muchos de los corrales que utilizan en su camino para guarecer al rebaño al final de cada etapa. La falta de agua y la ausencia de lugares de pernocta suponen un grave problema en la estrategia de movilidad de los rebaños, que fuerzan al abandono de la trashumancia a pie.

Viabilidad económica

Estamos ante una actividad económica y no ante el mantenimiento de una tradición romántica o un recuerdo del pasado. Los ganaderos trashumantes realizan esta movilidad para aprovechar los pastos invernales en la costa y los estivales en la montaña, lo que permite a sus rebaños de ovejas, cabras, pero también vacas y toros, poder alimentarse durante todo el año de hierba fresca y no tener que aprovisionarse de piensos, de precio mucho más elevado.

Este aprovechar los pastos naturales permite un mayor rendimiento económico a los propietarios, evitando los altos costes de unos piensos que, además, se encarecen cuando hay periodos de sequía, haciendo aún más dramática la pervivencia de los rebaños estantes. De hecho, estos últimos años se ha detectado en la provincia de Teruel un aumento de la actividad trashumante por parte de ganados hasta entonces estantes, ante el aumento de los precios de los piensos.

Los propietarios tienen cabañas que rondan los quinientos ejemplares, tamaño que se considera el apropiado para poder gestionarlo de manera autónoma, pero al mismo tiempo con el tamaño apropiado para obtener un equilibrio en los resultados económicos. Así, no necesitan contratar a pastores asalariados, lo que dispararía sus costes. Solamente en momentos de trabajo especialmente intenso, como en los de cría, acuden a familiares y amigos para reforzar la actividad.

De modo paralelo, los ganaderos alquilan las hierbas en las zonas de invernada, a unos costes muy bajos y que permanecen prácticamente inalterados, ante la ausencia de competencia. El uso de estos pastos de invierno supone un importante beneficio para los pueblos que lo arriendan, más allá del estrictamente económico que pudiera corresponder con la retribución que engrosa las arcas municipales. Las tierras no cultivadas quedan limpias de malas hierbas y rastrojos. Las tierras de labor, a las que los ganaderos acceden con el permiso de sus propietarios, ven cómo se abonan de modo natural, aumentando el rendimiento de sus cosechas. Igualmente se ven sometidas a un proceso de limpieza de hierbas sin necesidad de utilizar herbicidas químicos, con el consiguiente beneficio ecológico.

Por último, señalar que el ganadero, que también hace generalmente las veces de pastor, residirá en el pueblo de invernada, contribuyendo con su estancia al desarrollo del lugar, pues comprará o alquilará una casa, realizará los gastos propios de un residente y, con frecuencia, escolarizará a sus hijos allí.

Una oveja trashumante dobla la esperanza de vida de otra estabulada, gracias al ejercicio físico que realiza, a que se encuentra pastando hierba fresca durante todo el año y a que solo vuelve al corral por la noche, evitando hacinamientos. Los veterinarios señalan que las condiciones sanitarias de las ovejas trashumantes son de excepcional calidad, al compararlas con las propias del ganado estabulado, que apenas tiene espacio para moverse y que come un pienso compuesto. La menor incidencia de enfermedades e infecciones, que puede comprobarse al analizar las heces de los mismos, provoca una menor tasa de mortalidad de los animales, al igual que una menor tasa de abortos en corderos y, en definitiva, una destacada disminución en el uso de medicamentos de uso veterinario.

También un mantenimiento mucho más adecuado de las pezuñas, evitando tener que recortarlas, así como que aparezcan enfermedades como el pedero. Esto no debe sorprendernos, puesto que se corresponde con las ventajas que la vida con ejercicio tiene entre los humanos si la comparamos con un estilo sedentario. Por otro lado, los rendimientos de las ovejas trashumantes son mayores, al ofrecer menos enfermedades y una tasa de fertilidad mucho más alta y sostenida. Al aumentar la esperanza de vida de las ovejas, la inversión realizada es considerablemente menor, a lo que tenemos que sumar las bajas inversiones en granjas, pues los animales necesitan poco más que un sencillo refugio para pasar las noches, al estar deambulando en busca de hierbas durante todo el día.

Los ganaderos trashumantes con los que seguimos hablando nos refieren que están ante una actividad profesional productiva, y que en caso contrario dejarían de hacerla, favoreciéndose de la dicotomía climática propia del clima mediterráneo entre inviernos suaves y veranos secos y cálidos, comparados con las montañas, de gran rigor invernal y suaves en verano.

Sin embargo, en los últimos años asistimos a importantes transformaciones, que deben hacernos ver cómo el cambio climático también está afectando a esta actividad. Hasta hace bien poco, la movilidad se hacía para bajar a las zonas de hibernada en la segunda quincena de octubre. La subida a los puertos se hacía desde principios de mayo. Ya en esas fechas los ganaderos referían nieves en sus desplazamientos. Ahora, los trashumantes han retrasado su bajada todo un mes, al poder soportar los menores rigores climáticos en los pastos de altura y, del mismo modo, han retrasado la subida otro mes, hasta bien entrado el mes de mayo. El dato es bien claro y nos habla de una importante disminución de los rigores invernales, asociados a frío y nieve, alternados con menos lluvias otoñales y veranos más cálidos.

El otoño e invierno (2017-2018) ha sido especialmente seco, arrastrando situaciones de muy escasa pluviosidad desde principios de año. Los pastores se las han tenido que ingeniar para poder alimentar a sus ovejas con complementos aportados. Al mismo tiempo saben que en los pastos de invierno las condiciones no van a ser mucho mejores por los problemas de la sequía. El recorrido desde las montañas ha sido una importante fuente de preocupación, pues muchos de los riachuelos, ríos y fuentes que suelen emplearse para abrevar los rebaños estaban secos. Los pastores nos refieren que estamos ante situaciones nunca antes vividas, que nos deben hacer pensar sobre nuestra responsabilidad en preservar el medio ambiente.

Geografía de la trashumancia

Uno de los fenómenos a los que nos enfrentamos en la actualidad es al arrinconamiento de las explotaciones invernales de ovejas trashumantes. La enorme presión urbanística sobre las zonas de llanura, así como la extensión de los campos de naranjos y otros cultivos de riego por goteo han provocado un paulatino arrinconamiento de las zonas de explotación de los rebaños trashumantes.

En la actualidad asistimos a una particular localización de los corrales justo en la zona de transición entre las zonas de regadío con las zonas de secano, ya en lugares bien alejados de los núcleos urbanos. Estos corrales, y por tanto toda la zona de pastos de los rebaños, vienen a coincidir con la línea imaginaria de las heladas. Justo en la bisagra donde terminan esos cultivos que no pueden tolerar las heladas invernales, como los frutales de hueso y los cítricos, así como las zonas de huerta y donde empiezan los cultivos de secano, con menores rendimientos pero mejor dotados para soportar los fríos invernales, como almendros y olivos.

Aquí podemos localizar las zonas de actuación de nuestras ganaderías trashumantes. Los ganaderos se quejan del constante arrinconamiento, hasta los extremos, de las zonas de explotación. Antaño grandes superficies de aprovechamiento ovino han sido ocupadas por campos de naranjos, urbanizaciones o polígonos industriales, provocando un éxodo paulatino hacia zonas en las que “molesten menos”, hacia los extremos.

Si realizamos un recorrido por la geografía valenciana, podremos observar cómo los asentamientos invernales se producen en Turis, Chiva, Cheste, Llombai, Real de Montroi, Monserrat o Torrent. En la provincia de Castellón encontramos este mismo fenómeno en poblaciones como Soneja, Altura o Segorbe.

Desarrollo rural

Muchos de los pueblos de los que son originarios los ganaderos trashumantes presentan extremas condiciones climáticas en el invierno. Históricamente, la economía de estos lugares estaba ligada a una migración mayoritaria hacia zonas de clima más amable, donde pasar los fríos y largos meses invernales.

Estas circunstancias no han cambiado, por lo que nos encontramos con pueblos prácticamente abandonados cuando los visitamos en invierno, como Alobras, Camarena de la Sierra, Valdelinares o Cañada de Benatanduz, todos ellos en la provincia de Teruel. Sin embargo, la pervivencia de la actividad trashumante permite que todas estas poblaciones renazcan cuando, a finales de mayo, las casas vuelven a estar ocupadas por los ganaderos y sus familias.

La actividad económica se reaviva, la población aumenta considerablemente, el alquiler de los pastos de las montañas se intensifica, retornan los niños cuando comienzan las largas vacaciones estivales y, en definitiva, renace la actividad económica que se había quedado aletargada.

En este sentido, la práctica de la actividad trashumante permite el desarrollo rural en dos territorios al mismo tiempo, especialmente cuando se haría más que difícil que pudiera realizarse solamente en el pueblo de las montañas. El valor añadido que supone la pervivencia de esta actividad, el mantenimiento de puestos de trabajo, de casas abiertas, de vida, no es menor y debería potenciarse.

Conclusiones

La práctica de la ganadería trashumante no es un fósil del pasado, una reliquia de tiempos que no volverán. Se trata de una fantástica adaptación del ser humano a las condiciones cambiantes del clima y un modo excepcional de realizar un aprovechamiento sostenible de los recursos naturales de los que disponemos.

La principal dificultad radica en las largas horas de presencia junto al rebaño por parte del pastor, así como la exigencia de sacar al rebaño todos los días, por lo que el trabajo no tiene festivos ni vacaciones. Esta exigencia hace difícil el relevo generacional y prohibitiva la contratación de personal de apoyo que pudiera desempeñar estas tareas.

Esta actividad ganadera debería ser objeto de una mayor atención por parte de todos, pues contribuye a ofrecernos un producto de calidad no siempre valorado como se merece, en unas inmejorables condiciones de sanidad veterinaria y aprovechamiento de los pastos, de limpieza de los montes y zonas abandonadas, y de mantenimiento de un medio rural que se nos muere si seguimos insistiendo en este consumo desaforado y en ese ir más deprisa, más rápido, para no llegar a ninguna parte.

La próxima vez que tropiecen en sus caminos y carreteras con un rebaño trashumante y su pastor, tengan en cuenta las excepcionales características de este sistema de explotación ganadera, que lucha por la sostenibilidad ambiental y contra el cambio climático.

Artículo publicado originalmente en el Anuario 2018 de la Agricultura Familiar en España.

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